La actitud de China hacia África nos muestra cómo podemos eliminar la pobreza en Estados Unidos

“La existencia de la pobreza en Estados Unidos no debería aceptarse como un mal necesario o un problema sin solución, sino que se debe considerar como una crisis que requiere de medidas de emergencia. Es una cuestión de voluntad y de prioridades, no de recursos”.

– Dr. Martin Luther King


 

La gran productividad industrial de Estados Unidos y la economía de Estados Unidos han estado en un proceso de derrumbe que continúa, y siguen estando dominadas por los programas geopolíticos de Wall Street y del imperio monetarista de Londres contra el crecimiento. Las zonas más pobres de nuestra nación, que una vez florecieron con un gran desarrollo industrial, manufacturero y agrícola, se han visto convertidas en depósitos de chatarra. Estados Unidos padece de altas tasas de pobreza, suicidios, abuso de drogas, un declive en la infraestructura económica básica, y de la falta de ahorros y de financiamiento para el futuro. 

Durante los últimos 30 años, mientras que Estados Unidos ha vivido un colapso acelerado físico y económico, China ha construido un milagro económico para aliviar la pobreza, ha sacado de la pobreza a cientos de millones de personas con proyectos y estrategias específicos que abordan los problemas particulares de cada poblado. Esto no solo ha tenido resultado en China, sino también en otras partes del mundo, de modo más notable en África. El rápido desarrollo de la economía física, por medio de la construcción de corredores ferroviarios de desarrollo, y la modernización de puertos, está deshaciendo las políticas deliberadas del colonialismo, guerras y ruina económica ocasionada por el imperio británico. 

Esto debe convertirse en el modelo para que Estados Unidos disminuya la pobreza en los guetos creados de forma deliberada, y en las zonas que fueron antes centros industriales de nuestro país. Este modelo que se está implementando hoy en África, con la ayuda de China y de las naciones del BRICS, debe adoptarlo Estados Unidos para transformar nuestras olvidadas comunidades arruinadas por la negligencia criminal, en un granero de crecimiento económico y de prosperidad. 

Tomen en consideración algunas de las ciudades de Estados Unidos que actualmente se encuentran terriblemente empobrecidas, como aquí mismo en Texas. ¿No están casi todas ellas a lo largo de ríos o en la costa, cerca de centros manufactureros que una vez fueron altamente productivos? Si Estados Unidos se uniese a China en su Iniciativa de la Franja y la Ruta, ¿no serían estas ciudades los lugares precisos que tendríamos que revivir, con modernos puertos de aguas profundas, muelles para contenedores, y trenes de alta velocidad? Piensen sobre el impacto positivo que esto tendría en la población afroamericana, por ejemplo, que tienen todavía el doble o el triple de las tasas de mortandad que tienen las poblaciones no afroamericanas o hispanas. 

En el período reciente, China ha comenzado a financiar y a dirigir la construcción de todo tipo de proyectos en todo el continente africano, conectando a las naciones en lo económico. Esto incluye la conexión de carreteras, vías ferroviarias y vías de navegación por todo el continente, reabastecer el lago Chad, construir nuevas presas, plantas de electricidad y granjas con avanzadas investigaciones de cultivos, y la construcción de infraestructura básica como hospitales, escuelas y mercados. Al contrario de los alegatos sobre la toma de las tierras de los recursos naturales africanos, las actividades que realizan las compañías chinas están enfocadas en la producción para satisfacer la demanda en la misma África, no en exportar los productos fuera del continente. Otro error de percepción común es que las compañías chinas traen cientos de miles de trabajadores chinos a África, en vez de dar trabajo a los lugareños. Entre las 1,000 compañías chinas que fueron encuestadas por McKinsey & Co. en el 2017, el 89% de los empleados eran africanos, un añadido de casi 300,000 empleos para trabajadores africanos. Si se proyectan estas cifras a las 10,000 compañías chinas en África, se puede inferir que las empresas chinas le dan empleo a varios millones de africanos. Más aún, el 44% de los gerentes de estas compañías son africanos. Al transferir tecnologías y maquinaria avanzada a los países africanos a bajos precios, los chinos hacen que estas mejoras sean más asequibles. 

La verdadera reducción de la pobreza significa averiguar las necesidades particulares de cada zonas, y las destrezas particulares de su población, y responder a estas necesidades específicamente, a diferencia de un enfoque en el que “una talla le sirve a todos”; a similitud de como hizo el Presidente Franklin Roosevelt con la Autoridad del Valle del Tennessee (TVA en sus siglas en inglés).

Esa relación mutuamente provechosa entre China y los países de África, es el mismo tipo de relación “en la que todos ganamos” que podemos esperar si Estados Unidos acepta la invitación que le hizo China a participar en la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Al reestablecer nuestra propia soberanía económica por encima de Wall Street, podemos utilizar los mecanismos constitucionales para financiar nuestra recuperación por medio de un sistema de crédito hamiltoniano, y eliminar así la pobreza en Estados Unidos para el 2030. Si liberamos plenamente el potencial de nuestro singular sistema constitucional, y colaboramos con China y Rusia en la Iniciativa de la Franja y la Ruta, con la determinación que señalaba el Dr. King, podríamos eliminar la pobreza de la Tierra para el 2050.

El Presidente Trump se ha dedicado a restaurar y ampliar la infraestructura decadente de Estados Unidos, y aumentar las relaciones positivas con Rusia y China, así como con otras naciones importantes a nivel mundial. El compromiso de eliminar las políticas imperiales del imperio británico y de abrir la puerta a un nuevo paradigma de progreso económico ha sido la misión continuada del estadista estadounidense Lyndon LaRouche con su esposa Helga, por más de 40 años.

Necesitamos líderes en el Congreso estadounidense, que peleen para llevar a Estados Unidos al nuevo paradigma que está transformando el planeta. Eso quiere decir acabar con el ruinoso sistema del Fondo Monetario Internacional (FMI), y con el control monetarista de Wall Street y de la City de Londres; significa implementar las soluciones necesarias del sistema americano de crédito, que han impulsado el crecimiento económico de nuestra nación, ejemplificado en los Presidentes Lincoln, Franklin Roosevelt, y John F. Kennedy. Estoy haciendo campaña como candidata al Congreso con el compromiso pleno y la determinación de alcanzar la meta de llevar a Estados Unidos a un futuro hermoso de cooperación en la que todos ganamos, y la erradicación total de la pobreza de una vez por todas. 

¿Te unirás a mí en este gran esfuerzo?

Un PDF de esta declaración se puede encontrar aquí.

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