Convirtamos la cacofonía en armonía

“El propósito del arte verdadero… no es ser una moda pasajera; su franco empeño no es transportar al hombre a un mero sueño momentáneo de libertad, sino más bien hacerlo realmente libre, y lograrlo despertando, ejercitando, y desarrollando en él su facultad para alcanzar un objetivo que no está al alcance del mundo sensible, que de otro modo pesa sobre nosotros tanto como un objeto muerto, haciendo presión sobre nosotros como una fuerza ciega. Esta distancia nos da la posibilidad para transformar el mundo material en la labor libre de nuestro propio intelecto, y dominarlo por medio de las ideas”.

- Federico Schiller (extracto de su obra ‘La novia de Mesina’, 1803)

Como su candidata independiente para el 9º Distrito Congresional de Texas, considero que es muy importante participar regularmente en un coro comunitario que esté enfocado en la enseñanza y la interpretación de la música de Bach, Beethoven, Mozart, y los Espirituales Negros americanos clásicos. Yo canto desde hace mucho tiempo. En momentos en que la deshumanizante cultura pop de la muerte tiene en sus garras a Estados Unidos --como se manifiesta en las extraordinarias tasas de suicidio, sobredosis de drogas, tiroteos masivos, y la adicción a los medios violentos-- la interpretación de la música bella, que requiere que el artista dé a conocer su alma y postre ante ella su ego, se vuelve un antídoto importante que despierta nuestra humanidad ante esta cultura de la muerte. Yo gozo cantando, pero no es solo un “pasatiempo”; el arte que nos pone de nuevo en contacto con nuestra humanidad es necesario para elevar nuestra cultura, y superar estas crisis. Tenemos que sustituir la cultura de la muerte con una cultura de crecimiento

La gente que produce la música vil, las películas y juegos de video que nos insensibilizan ante la muerte y la pornografía, no lo hacen solo por las ganancias que obtienen de esto. Tampoco es una cuestión que tiene que ver con nuestra libertad y poder escuchar o hacer lo que nos dé la gana. Yo aplaudo la valentía mostrada por el gobernador de Kentucky, Matthew Griswold Bevin, al abordar este problema moral, y le agrego la siguiente consideración importante a la discusión nacional. Esta cultura de la muerte fue lanzada con toda intención en nuestra sociedad, con el propósito explícito de destruir nuestra nación después de la Segunda Guerra Mundial, por medio del Congreso para las Libertades Culturales (CCF en sus siglas en inglés) dirigido por la CIA. Todavía hoy la CIA está muy metida en cómo se producen nuestra “películas” populares. Consideren lo qué quería conseguir Teodoro Adorno (autor de La Filosofía de la Música Moderna, de 1946, y compositor musical para las películas en los comienzos de Hollywood, y una autoridad académica del CCF) por medio del consumo constante de los “primeros 40” éxitos de cartelera, teniendo presente los atentados y asesinatos en nuestras escuelas hoy, la epidemia de opiáceos, y los suicidios:

"Lo que percibe la música radical es el sufrimiento no transfigurado del hombre... la música moderna ve como su propósito el abandono absoluto. Es el mensaje que sobrevive de un naufragio... No es que la esquizofrenia se manifiesta allí directamente; sino que la música imprime en sí misma una actitud similar a la de una enfermedad mental. El individuo provoca así su propia desintegración… Imagina que la promesa se cumple por medio de la magia, no obstante en el marco de la realidad inmediata… Su interés es dominar los rasgos esquizofrénicos por medio de una consciencia estética. Al hacer esto, buscaría reivindicar la locura como la verdadera salud”.

Adorno argumentaba a favor de utilizar la cultura de masas y la música moderna para desencadenar varias formas de colapso psicológico de masas en la sociedad, tales como:

  1. Despersonalización, la pérdida de conexión con nosotros mismos;
  2. Hebefrénica, que él define como "la indiferencia que muestran los individuos enfermos hacia el mundo exterior”;
  3. Catatonia (“un comportamiento similar es conocido en los pacientes que se han visto afectados por un shock”); y
  4. Necrofilia. Adorno afirmaba que, “la necrofilia universal es el último estilo de perversidad”.

Esto es solo un ejemplo de la proliferación intencional de violencia cultural.

¿No llegamos ya a ese punto, en que la indiferencia ante las enfermedades, la despersonalización del individuo, la conmoción cada vez mayor, e incluso el amor sexual a la muerte se han vuelto algo ampliamente aceptado como normal, incluso atractivo, en nuestra sociedad? Esta destrucción intencionada de nuestra humanidad, de nuestra creatividad, de nuestra capacidad de amarnos y de amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, y de  cuidar al desamparado, y desear crear un mundo mejor para los que vienen después de nosotros, ha alcanzado su conclusión trágica deliberada. O dejamos que nos destruya, o vamos a superar esto rechazando la cultura pop de muertes en masa y conectándonos de nuevo con la cultura de la humanidad, del amor fraterno, la creatividad, la razón, y el optimismo por un mundo mejor.

Federico Schiller escribió, en su poema La Esperanza, que, “¡Para algo mejor hemos nacido!”. El Dr. Martin Luther King, Jr. repetidamente recalcó en su último año de vida que la reducción de la pobreza es fundamental para cerrar las heridas de las luchas raciales y civiles, la guerra, y la desesperanza. La pobreza y la cultura de la muerte son producto de la misma intención malvada y acarrean los mismos fines. La solución para abordar esa crisis moral en nuestra sociedad, de pobreza y degeneración cultural, es una y la misma. Debe surgir un nuevo paradigma de progreso económico y cultural, en el cual todo el mundo pueda realizar su potencial creativo.

Las familias que tienen el tiempo para proporcionar un hogar amoroso y propicio para sus hijos no crían asesinos de masas. Los individuos que ven que su empleo contribuye al mejoramiento del mundo y de las próximas generaciones no se convierten en drogadictos. Las sociedades inspiradas en sus logros en la medicina, la exploración espacial, y el gran arte, no se suicidan.

Esta es la razón por la cual estoy haciendo un llamado a Estados Unidos para que ponga fin a las décadas de guerras ilegales y de rescates financieros a los saqueadores de Wall Street, y para que se una a China y a Rusia en la construcción de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, y que adopte las Cuatro Leyes Económicas de Lyndon LaRouche, para salvar a Estados Unidos. Con un compromiso renovado por el progreso científico y económico, por medio de la restauración de una misión nacional, tendremos millones de empleos productivos, que darán sentido a decenas de millones de vidas, que no esperan nada más que el liderazgo y el financiamiento. Estoy haciendo campaña para representarlos en el Congreso de Estados Unidos, para instrumentar claramente esta salida de la cultura de la muerte, y poner fin al azote de la pobreza, mediante una perspectiva positiva para nuestra nación.

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